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Foto por
Joe Budd
En
un pequeño pueblo de El Salvador,
Gabriela, madre soltera de dos niños,
trabaja arduamente para juntar dinero e
inmigrar a los Estados Unidos. Después
de cinco años repartiendo productos
lácteos día y noche, Gabriela
ya muy cerca de cumplir su sueño,
viaja a los Estados Unidos con el fin de
darle una mejor vida a sus hijos.
Gabriela llegó
a los Estados Unidos en Agosto de 1993.
Con poco dinero en el bolsillo pero con
muchas ganas de superarse, Gabriela juntó
fuerzas y emprendió vuelo hacia nuevos
horizontes. Al llegar a San Francisco la
vida no le fue fácil. La falta de
Inglés y educación, no le
permitieron encontrar un trabajo. Estuvo
trabajando algunos años como empleada
domestica en donde fue maltratada y abusada
pero por razones de subsistencia, y con
el fin de mandar dinero a sus hijos que
quedaron en El Salvador, Gabriela no pudo
renunciar a su trabajo por un largo tiempo.
En 1994, Gabriela conoció
a quien luego fue el padre de sus tres hijas,
y fue él uno de los que finalmente
la ayudo a salir del calvario donde trabajaba.
Cuando las aguas parecían calmas
en la vida de Gabriela y ella se recuperaba
del maltrato que había sufrido, el
padre de sus hijas comenzó a abusar
de ella física y emocionalmente.
Gabriela, sin papeles, sin trabajo, con
cinco hijos, y victima de violencia domestica,
cayó en una depresión aterradora.
Aquella mujer luchadora y con ansias de
superación no podía creer
que su sueño se estaba tornando una
pesadilla.
Nos cuenta Gabriela que
su marido no le dejaba ir a ningún
lugar sin el, el único lugar a donde
podía ir sola era a la tienda a comprar
pañales para sus niñas. Ese
era su único respiro, nos dice Gabriela.
Caminando por las calles tratando de aliviar
ese intenso dolor, Gabriela encontró
ALAS. Cuando supo de qué se trataba
el programa Gabriela se alegro muchísimo
al saber que la organización la podía
ayudar a abrir su propio negocio. Sin embargo
su entusiasmo no duro mucho tiempo ya que
su marido no le dejo asistir a las clases.
Después de varios
años con deseos de entrar al programa,
y a pesar del desacuerdo de su marido, Gabriela
decidió hablar con una de las entrenadoras
de ALAS y fue ahí que Gabriela empezó
a ver una luz de esperanza en su vida. “Las
palabras inspiradoras de la entrenadora
y el apoyo incondicional del equipo de ALAS
me ayudaron a terminar con ese círculo
abusivo en el cual he estado por más
de siete años.”
Cuando Gabriela comenzó
el programa, su idea era poder tener un
café o un lugar para cuidado de niños.
Sin embargo, con el pasar del tiempo ella
decidió continuar con el pequeño
negocio que le había dejado su ex-marido,
un negocio de renta de sillas y mesas para
eventos. Gabriela nos cuenta que desde que
entro a ALAS su vida ha cambiado por completo
no solo en lo profesional, sino también
en lo personal. “A parte de ayudarme
a aumentar mis conocimientos sobre negocios
y mis ingresos, ALAS, me ha ayudado a valorarme
a mi misma como mujer, madre, y empresaria”
Gabriela comenzó
su negocio con nada más que 340 sillas
y 54 mesas. Hoy Gabriela, es propietaria
de ‘Mom, Son, & Daughters Tables
& Chairs Renting,’ una compañía
que cuenta con mas de 1500 sillas y mas
de 130 mesas. Si bien la compañía
no cuenta con otros empleados a parte de
Gabriela, el negocio cuenta con tres magnificas
voluntarias que le dan fuerza y energía
a Gabriela para seguir adelante. Ellas son:
Gabriela, Xiomara, y Cinthia, las tres niñas
de Gabriela que hacen de este negocio todo
un éxito.
Con la ayuda de ALAS y
de su familia, hoy Gabriela es una exitosa
empresaria que va en busca de nuevos desafíos
y trabaja duro para expandir su negocio.
Si bien hoy la compañía ofrece
solo sillas y mesas, Gabriela asegura que
poco a poco estará rentando también
manteles, y otros elementos de fiesta.
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